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  • "Fin"

    27 Nov 2010, 21:35

    21 y 22 de noviembre de 2010. Pavement en La Trastienda. Buenos Aires, Argentina. Parecía un éxito seguro y lo fue. Lo fue, al menos, para las poco más de mil personas que vieron los dos últimos shows de la gira de retorno de Pavement. Un par de conciertos que quedará en la memoria de aquellos que por primera y última vez pudieron ser testigos cercanos de una manera única de hacer música.

    Y es que, en verdad, la proximidad fue una de las claves de un éxito que trasciende las fronteras de lo comercial ¿Quién hubiera imaginado a Malkmus y sus amigos en medio de un anonimato inmenso, distante? No, la cosa necesariamente debía pasar por otro lado y así se hizo. Ni estadios ni sectores VIP. Sólo algunas de las canciones más contundentes y deformes de los ’90 a esta parte. Cara a cara.

    Sin embargo, “Silence Kit”, “Grounded”, “Gold Soundz” o “Spit on a Stranger” fueron mucho más que porciones de un repertorio casi inigualable. Fueron momentos, fueron miradas cómplices y fueron, también, lágrimas finalmente comprendidas. Años de espera y devoción materializados en un instante de perplejidad que -estamos seguros- poco tenía que ver con la realidad.

    Quizás por eso, el público decidió vivir cada canción como si fuera la última. Coros polifónicos en la totalidad de las melodías de guitarra, pogo sin distinción entre estrofas y estribillos, ir y venir de cuerpos hacia el escenario. Todo era parte de un momento cercano a la perfección. No obstante, nadie era realmente consciente de lo que estaba pasando.

    Arriba del escenario, la banda en plenitud tocaba y disfrutaba tocar. Se veía en las caras de los músicos, se notaba en cada gesto. Las canciones elegidas -de todos los discos, con todos los matices posibles- eran en verdad las últimas, las que la banda realmente quería tocar. Sabían que después de esto las cosas volverían a ser como antes, cada uno en lo suyo como en los últimos diez años. Había que pasarla bien y así fue.

    Por eso, después de poco más de una hora de show, con la sonrisa y la transpiración arriba y abajo del escenario, no había lugar para el más mínimo reproche. Faltaron canciones pero no importó, tocaran lo que tocaran siempre iban a seguir faltando. La banda desenchufó sus instrumentos y ahí se terminó todo. Así de simple, así de perfecto. “Fin”. El ocaso perfecto de una noche que no deja de parecer irreal.
  • Salir a escuchar música

    2 Nov 2010, 20:54

    Sab 30 Oct – Fiesta Indie Vol. 17

    Sábado 29 de Octubre. Club Belle Epoque. Fiesta Indie Vol. 17. Tom y la bestia bebé. Go-Neko!. Poltergeist. 107 Faunos. La canción y el experimento. El pensamiento y el instinto. Músicas en distinta dirección. Músicas en consonancia y disonancia. Músicas al fin. Distintas materializaciones de un único lenguaje universal. Un sábado a la noche perfecto para seguir aprendiendo a escuchar.

    Tom y su banda casi improvisada. Baterista devenido en cantautor. Pero cantautor de cancha. “Yo me la aguanto, vos abandonás”. Fútbol y Dios. Historias mínimas y máximas. Estribillos que hacen trabajar a la memoria. Sencillez en las formas. Contundencia en el mensaje. Canciones como una patada en la mandíbula. Con los tapones de punta.

    Los Nekos. O la banda instrumental capaz de devolverte las ganas de pogo. Intensidad siempre creciente. Dinámicas controladas al máximo. Autopistas de efectos y sintetizadores que parecen no tener fin. Cortes y más cortes de batería. ¿Kraut? Claro, algo así. Pero no nos olvidemos de las melodías. Eso, no nos olvidemos de las melodías.

    Polters. Atmósfera cerrada. Un clima que se construye a partir de la deconstrucción de una idea complaciente de música. Disonancias y reciclaje de materiales. Acoples y reverencias constantes al ruido que deja de ser ruido y se convierte en sentido. Cruce de miradas. Diálogo silencioso entre músicos-hermanos. Vaivenes y estruendos. Matrimonio de a tres.

    Los 107. Jardín de infantes de más de veinte. Afinación al margen. Sentimiento, puro sentimiento. Amanecer de canciones hechas para cantar a los gritos. Paseos en bicicleta y pandillas de lobos en el bosque. Uoh-oh-oh-ohs y ah-ah-ah-ahs. Y como si fuera poco, la última canción cantada sin micrófono ni amplificación alguna. Codo a codo con ellos, los que disfrutan ahí abajo.

    Imágenes. Impresiones. Anotaciones en un cuaderno de sábado a la noche.