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  • Muse. Palacio de los Deportes. Madrid (20 octubre 2012)

    21 Oct 2012, 11:41

  • Low Cost Festival (2012) Benidorm (27-29 julio 2012)

    30 Jul 2012, 20:21

    Vie 27 Jul – Low Cost Festival 2012

    Fotos y más cositas en
    http://mercadeopop.blogspot.com.es/2012/07/low-cost-festival-2012-benidorm_30.html


    Benidorm, ciudad hostil, despropósito urbanístico, desorden alimenticio, agotador exceso cubista, no hay por donde cogerte pero permaneces de alguna manera inexplicable adorable en el recuerdo. Tres días intensos por tus calles me han restado tres semanas de vida que en el futuro añoraré, pero que me quiten lo bailado con Suede, Placebo, Kasabian, Vetusta Morla, La Habitación Roja, Second, The Right Ons, Supersubmarina y tantos otros. Eso ya nadie nos lo quita a ninguno de los que por el Low Cost Festival nos arrastramos con más pena que gloria, con la mejor de nuestras maltrechas voluntades, meneando tokens, pegando botes y refrescando gaznates con la única preocupación del aquí y el ahora.

    Arrancó la maquinaria un viernes en el que todo eran sonrisas y depósitos llenos a full. Tótemes del pop británico de los noventa, los reunificados Suede inundaron de nostalgia la primera jornada del festival gracias a clásicos como We Are the Pigs, Animal Nitrate, The Wild Ones, Filmstar, Trash o Beautiful Ones. Liderados por un saltarín, sudoroso, glamuroso y 'slim fit' Brett Anderson (50 años, 50 kilos, 50 lonchas) por el que no pasan los años, torrente de voz aún aparentemente intacto, triunfaron fácil con un repertorio para treinteañeros en el que tampoco faltaron The Drowners, So Young, New Generation o la emotiva Saturday Night en la parte final.

    Mientras acababan su concierto estándar de noventa minutos no eran pocas las chiquillas que se arremolinaban en las primeras filas en busca de un buen sitio para el segundo plato fuerte de la velada, esos Supersubmarina cada vez más fenómeno de pop guitarrero efervescente y criticado por la facción indie más purista que parece no soportar del todo bien el éxito masivo de unos estribillos violentamente radioformulables.

    También durante hora y media Supersubmarina repasaron las canciones de su irregular segundo largo, 'Santa Cruz', si bien cuando realmente lograron incendiar a la concurrencia fue con temas de su debut 'Electroviral', tales como 'LN Granada', 'Ana', 'Cientocero' o 'XXI'. Esta banda crece le pese a quien le pese, con un directo a ratos no tan bueno como cabría esperar, pero siempre exultantemente efectivo. Y que tienen un cantante guapo, dicen, en plan Brandon Flowers de Despeñaperros, de esos que todos los paletos del pueblo quieren arrojar al pilón por pura envidia cochina.

    La tarde arrancó mucho antes, aún con sol, gafas y gorritos, con la diversión desenfrenada de Varry Brava, ideales más para la madrugada loca que para la luz del día. Prosiguió con el huracán rockero de The Right Ons, una de esas bandas que merecen mucho mucho mucho más y que debieran plantearse ya en serio cantar en español para partirlo a vida o muerte. Coño, que son los Black Keys españoles, con aires a Jet, AC/DC, Black Crowes y dios sabe cuantas influencias molonas más.

    Iván Ferreiro, barbudo, estuvo tan intenso como siempre haciendo jirones su corazón y el de cualquiera que le prestara acaso un poquito de atención en temas como 'Turnedo', 'Pobreza Extrema' o las pirateras 'Años 80' y 'Promesas que no valen nada'. Hay quien incluso cree que tanto dolor le da mala suerte siempre que le ve en directo pero no, eso son paparruchas, pamplinas. Iván es certero en el diagnóstico y eficaz en la purificación del alma que vaga buscando respuestas. Aplauso sincero.

    La organización habla en esta primera jornada de 17.000 personas, todas ellas perfectamente repartidas en todo momento por otras actuaciones como la de los bailones We Are Standard, siempre contundentes, un valor seguro para la fiesta. The Whip y The Sounds también desafiaron al desánimo con esa voraz vitalidad festivalera que parece poder con todo, que todo lo anega, que te hace desafiar los límites de tu capacidad física. Pero el viernes, primera jornada, todos podemos con todo, si bien progresivamente nos vamos agotando, algunos poco a poco, otros súbitamente, tirados cual piltrafas por el suelo, preciosos cadáveres indies.



    El sábado amanece más o menos perezoso en función de la hora de recogimiento de cada cual la noche anterior. De manera perfectamente escalonada el personal va recuperando posiciones y se anima pronto con Anni B Sweet, Cosmonauta y Fanfarlo. Ya para cuando llega el turno de Second esto vuelve a parecer un festival gracias a ese pop rock épico tan marca de la casa y tónadas como Rincón Exquisito, Autodestructivos o Muérdeme. Como siempre, elegantes y rotundos a partes iguales. Y como somos así, después les seguimos hasta el escenario Sol Música, donde se marcaron un acústico de cinco temas en plan de andar por casa que nos vino de perlas a modo de bis. Mientras tanto, el personal bailoteaba desacomplejado con los arrolladores Fuel Fandango, siempre sudorosos, buenrollistas y quema zapatillas.

    Turno entonces para Placebo, abrumadores, contundentes y rocosos. Ganadores de la jornada gracias a un repertorio trufado de clásicos como Battle for the sun, Every you every me, Special Needs, For what it's worth, Meds, Slave to the wage, Song to say goodbye, The bitter end o Infre-red. Al igual que a principios de mes en su paso por Madrid, Brian Molko se mostró comunicativo y socarrón, perfecto líder para una banda que arrolla y que ya trabaja en su esperado nuevo álbum para el año próximo.

    Es el Low Cost un festival perfectamente organizado, en un emplazamiento cómodo, con una oferta gastronómica de locura (¡ay esa panceta por dios!) y que trata de no solapar conciertos más de lo inevitable. Así las cosas hay momentos ciertamente locos como todo el mundo moviéndose a la vez desde Placebo hasta El Columpio Asesino cruzando los dedos para tener tiempo de desfarrar con 'Toro', ese temazo que alguien de nuestra tropa afirma que es para los indies como el 'Born to Run' de Springsteen para los más clasicotes. Joder, tal vez sea excesivo, pero desde luego dispara la adrenalina hasta límites irracionales. Una canción que bien vale un concierto, un disco, un grupo, una carrera musical. "Sois el quinto mejor público que hemos tenido este año", braman desde el escenario, siempre desafiantes, siempre pétreos los navarros.

    Para entonces el festival ya se había vuelto del revés arrojado a los brazos de la fiebre del sábado noche, momento de mayor asistencia de toda esta edición. Y cuando se trata de fiesta siempre puede aparecer La Casa Azul con su irrefrenable poder para provocar el baile más o menos errático incluso del más tímido del lugar. Destacable también su despliegue audiovisual, siempre plausible. A tiro hecho, éxito esperado con mucho mucho público. En la recta final de la noche Citizens!, Etienne de Crecy, Make the Girl Dance y los siempre incendiarios The Zombie Kids con el personal literalmente fuera de sus casillas jugando peligrosamente con los límites de sus reservas físicas.

    Tras desfondarse el viernes y el sábado, la sesión final del domingo se antojaba titánica y, como no puede ser de otra manera estos días, olímpica. Dj Warm Up y McEnroe tuvieron el papelón de abrir para un público absolutamente de domingo y al que le costaba arrancar. Nosotros nos fuimos de nuevo al Escenario Sol Música a ver el acústico de los Right Ons, pues son una de nuestras apuestas de la temporada. Como la cosita fue corta, tranquilamente a ver a The New Raemon y nos encontramos a un estadio moribundo con todo dios tirado por el suelo salvo unos cuantos irreductibles en las primeras filas. Tímidamente por momentos hay destellos de energía, pero claro, la música por ahora tampoco es que anime especialmente a la fiesta. Más bien lo contrario, recogimiento, reflexión, botellitas de agua, aún en vías de recuperación.







    Los bailes estrambóticos de Bigott ya sí van logrando resucitar al gentío un poquito más, pero se hace evidente que hay que dosificar con Kasabian y Vetusta Morla en el horizonte. Sin embargo, el pop guitarrero de filiación británica de La Habitación Roja resulta reparador cual ducha de agua fresquita y ya los que se sienten con fuerzas vuelven a arrojarse al averno. Suenan de lujo, limpios y potentes, y triunfan con canciones tan redondas como 'Ayer', 'El resplandor', 'Voy a hacerte recordar' o la épica emotiva de 'Indestructibles'. Esta banda, plena de oficio, merece más reconocimiento por sus años de dedicación a la creación de bonitas melodías pop, algo que todos creen poder hacer, pero no tantos consiguen.

    Tristemente a Jero Romero nos lo tenemos que saltar por motivos que no vienen al caso, pero de nuevo estamos preparados para los hipnóticos Kasabian. Se nota menor afluencia de público que el sábado, pero los que están son ruidosos y se hacen rápido con los mandos de la noche gracias a 'Days are forgotten', 'Shoot the runner', 'Velociraptor!', 'Underdog', 'Where did all the love go?', 'Club Foot', 'Misirlou' (la de Dick Dale, la de Pulp Fiction, vaya), 'Goodbye Kiss' y 'Lost Souls Forever'. Actuación coreable, con la banda a buen nivel y sinceramente agradecida, que acaba con ese himno de estadio que es 'Fire' y todos contentos, raudos muchos a darse un baño ruidista en el otro escenario con Triángulo de Amor Bizarro quienes, por supuesto, atronan sin piedad. Como tiene que ser, demonios.











    Vetusta Morla son el otro gran nombre de la noche y hacen una actuación ya de sobra conocida por todos, en la que arrancan con 'Mapas' y después desgranan las canciones de ese su segundo disco, mezcladas con la histeria que casi sin querer siguen provocando 'Copenhague', 'Un dia en el mundo', 'Autocrítica', 'Sálvese quien pueda' o 'La cuadratura del círculo'. A pesar de la evidente falta del factor sorpresa, lo cierto es que tienen un directo que arrolla y no falla, que inyecta, que remueve, que emociona. Un directo de un grupo con mayúsculas que pone el corazón cada noche, algo que se contagia y que precisamente por eso hace de cada velada algo necesariamente único y especial. Bendita sobre exposición noblemente defendida desde las tablas con canciones que crecen con vida propia.







    Tiempo ya entonces de ir plegando velas con todo el dolor de nuestro corazón, pues sólo nos llegan buenas palabras de gente absolutamente de fiar sobre los directos de Putilatex y Kakkmaddafakka. De Le Corps Mince de Francoise y Buffetlibre ya no tenemos información, pues estaban sus actuaciones programadas a horas dignas de héroes olímpicos. Por eso enfilamos el camino hacia el descanso y la reflexión sabiendo que el lunes será, como no puede ser de otra manera, largo, duro y difícil, tembloroso, trémulo, doliente, penante.

    Por nuestra parte sólo buenas palabras para un Low Cost Festival que acoge a sus visitantes con los brazos abiertos (lo de los tokens y no poder pagar con euros no mola, eso no, digámoslo), como un reducto de lógica dentro de todo lo excesivo e irracional que hay alrededor, más allá de las puertas y las pulseritas de colores. Un festi nada baratija en el que triunfaron los que tenían que triunfar, ligaron los que tenían que ligar, y fallecieron los que tenían que fallecer. Nos contentamos con haberlo dado todo y poder contarlo.
  • The Cult + Gun. La Riviera. Madrid (18 julio 2012)

    19 Jul 2012, 15:43

    Mie 18 Jul – The Cult, Gun

    Fotos, setlist y más cositas en
    http://mercadeopop.blogspot.com.es/2012/07/the-cult-gun-2012-la-riviera-madrid.html



    Ellos no se miran ni de reojo sobre el escenario, pero mientras Ian Astbury y Billy Duffy puedan seguir tocando juntos a pesar de los dolores, por mi parte todo correcto. Máxime si en el primer arreón de la noche ya sodomizan al personal con 'Lil devil', 'Rain' y 'Fire woman'. En ese punto, en la cuarta canción, la entrada ya está amortizada con creces y hasta la que vende los chuches en la puerta de los baños da palmas con las orejas. Porque The Cult son leyenda viva. Asintamos todos al unísono. Así sea, palabra de rock.

    Pero vamos a retroceder unos cuantos minutos en el tiempo para comentar la actuación de los reformados Gun como artistas invitados. La banda escocesa saboreó cierto tipo de gloria a mitad de los noventa pero su vida acabó antes del fin de siglo. Resucitados en 2008 por los miembros originales Joolz y Dante Gizzi (el bajista transformado en vocalista), ahora acumulan ya un buen puñado de conciertos con su nueva formación, y anoche incluso presentaron nuevo material, demostrando así su empeño en reivindicar su vigencia.

    Pero situémonos. Una tarde de mayo de 1996. Te coges la línea 5 del Metro y te plantas en Gran Vía para comprarte en Madrid Rock (previo saludo a los gemelos jevatas mediante) algún CD molón. Tras una tensa deliberación contigo mismo, terminas adquiriendo un 'viejo' álbum de Gun, 'Gallus', publicado cuatro años antes. Minutos después te encuentras abriéndolo y curioseando su libreto en la Plaza Mayor mientras esperas a que dé inicio un concierto de la Kelly Family con el que te encontraste por casualidad y en el que apenas duraste un cuarto de hora de cortesía. Recuerdos de una primavera de alguna manera bucólica no tan lejana.

    Ahora mientras escribo este batiburrillo suena ese mismo disco a todo trapo con el sudoroso Tour de Francia de fondo en la tele. Recuerdos de una tarde de verano que está pasando pero al mismo tiempo se nos está escapando. Recuerdos a flor de piel ayer en La Riviera con temas como 'Steal your Fire', 'Don't say it's over', 'Better days', 'Word up' o 'Shame on you'. A pesar de su condición de teloneros, Gun suenan potentes y frescos. Se atreven con nuevo material que no desentona con sus añejas composiciones. Clásicos en realidad para unos cuantos que sobreviven a la ausencia de Mark Rankin en las tareas vocales. Porque siempre es un gusto descubrir que no sólo tu te acordabas de ellos.

    Pero volvamos a The Cult, volvamos al lío. Capaces de lo mejor y de lo peor, también supieron lo que es el éxito masivo hace ya mucho tiempo, pero tras años de zozobra, lo cierto es que llevan ya toda una década mostrando una sobria regularidad. Su última referencia discográfica, 'Choice of Weapon', está incluso un puntito por encima de sus anteriores trabajos y constata el conocimiento del oficial que atesora la dupla Astbury-Duffy.

    Como suele suceder con las bandas de largo recorrido, eso sí, en los conciertos el populacho reclama nostalgia y puñetazos en la boca del estómago. El populacho quiere recordar cómo era aquello de mover la melena. ¿Eso queréis? ¿De veras? Pues va, agarrarse que arrancamos con el huracanado riff de 'Lil devil' y su correspondiente salvaje estribillo. Ya está claro, la cosa funciona, fluye, suave y punzante.

    Las canciones del nuevo disco son acogidas con respeto y cierta algarabía, pero la comparación resulta sonrojante respecto a cla-si-ca-zos como 'Rain', 'Fire woman' o 'Wild flower', himnos de rock de estadio de ayer, de hoy y de siempre. Y quien diga lo contrario corazón de rocanrol no tiene. Y a quien diga lo contrario le acuchillo en el callejón con el mástil de una Gibson Les Paul.

    En un escalón menor de bullicio quedó la impecable y portentosa interpretación de 'Nirvana' (primera sonrisa de la noche de Billy Duffy, todo sea dicho, que hasta ese punto no paró de pedir a su técnico más volumen para la guitarra). La primera parte del concierto se cerró con locura al ritmo de 'She sells sanctuary' y La Riviera del revés entregada al delirio más absoluto. Yieeeeaaeeahh. Yieeeeeaaeeaahh!!

    'Life > Death' y la épica ochentera de 'Spiritwalker' abrieron los bises con un Ian Astbury disfrutón y desmelenado. Tuvo una impecable noche el vocalista, al igual que el resto de los chicos, al igual que Billy Duffy, siempre guitar hero en sus poses y eficaz en sus toques, guitarrones en ristre. La (corta) noche se cerró en ochenta minutos con la prima hermana de 'Lil Devil', esa 'Love removal machine' incendiaria y absolutamente AC/DC, absolutamente rock, absolutamente electric. Absolutamente enemigos íntimos Ian y Billy. Rock on dudes!
  • Placebo. Joy Eslava. Madrid (5 julio 2012)

    6 Jul 2012, 11:07

    Jue 5 Jul – Placebo @ Joy Eslava

    Setlist, fotos y más cositas en
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    ¿Vosotros habéis visto la peli de 'Piraña'? La buena, la que daba cosica, miedo, reparo, la de 1978, la que acojonaba, la que te quitaba de crío las ganas de meter los pies en la fuente del barrio en aquellos locos veranos de vagabundeo sin rumbo. Bien, pues nada, absolutamente nada, puede compararse a un evento gratuito en el que se ofrece rock, música y bebida por la patilla.

    La cosa empieza tímida, como con cierta elegancia, pero tres horas después de la apertura de toriles, cuando la banda se despide entre vítores desde el escenario, cualquier atisbo de gentileza es fruto de tu imaginación. Hamburguesas canijas y cerveza gratis para refrescar el gaznate obran el milagro reversible.

    Nada nuevo bajo el sol en cualquier caso, pues humanos y estómagos agradecidos somos todos. A todos nos gusta que durante una hora nos ceben con pinchitos chulos y refrigerios variados. Menos nos gusta que cuando a eso de las nueve se apagan las luces, nos clave Mercedes un mega anuncio de 20 minutos para promocionar el lanzamiento de su nuevo vehículo Clase A.

    En realidad estamos ante un trato justo, por tanto, con el suculento aliciente de poder disfrutar de Placebo en vivo y de cerca. Por los motivos que sean, que todos intuímos, la banda se ha embarcado estos días en una pequeña gira junto a la marca de autocarros que les ha llevado por pequeños locales de París, Roma, Zurich, Hamburgo y Madrid. La Joy Eslava se llevó la pedrea en el caso patrio.

    Entre unas cosas y otras la espera se hizo interminable y tediosa, pero hizo el personal borrón y cuenta nueva cuando se apagaron las luces y aquello atronó como una excavadora hurgando en tu yo más íntimo con 'Kitty litter'. Joder, Placebo no han venido a juguetear, han venido a demostrarse a sí mismos que siguen teniéndolo a pesar de que su actividad en los últimos dos años ha sido más bien escasa.

    Porque estos pequeños conciertos, aparte de lucrativos, seguramente también son una buena oportunidad para probarse de cara a sus presentaciones ante públicos más amplios y "más en serio" a partir del Low Cost de Benidorm a finales de este mismo mes de julio. Todo ello mientras trabajan en su ya avanzado próximo disco, que esperan publicar el próximo año, algo que ya va tocando eh, pues 'Battle for the sun' data de 2009.

    Como suele suceder siempre en los saraos en los que no se pasa por taquilla, el público es raro, variopinto, entre lo fanático y lo descaradamente casual. Sea como sea, no fueron pocas las chiquillas que terminaron bailando descalzas sobre las mesas de la Joy, blandiendo al aire sus cervezas y coreando con más o menos conocimiento del asunto.

    Y es que aquello sonó como un tiro, con Brian, Stefan y Steve (el batera, un máquina eunuca), rocosos, oscuros y épicos a partes iguales, ayudados, también hay que recalcarlo, por otros tres músicos en segundo plano y rotando instrumentos. "Hola amigos y amigas, hermanos y hermanas, pendejos y pendejas", bramó el vocalista, especialmente simpático y comunicativo. Se les nota frescos, tal vez rejuvenecidos, seguros de lo suyo. Y la cosa funciona.

    Tras una socarrona crítica a los "cíclopes" que están viendo el concierto a través de sus cámaras y teléfonos celulares, van sucediéndose 'Every You Every Me', 'Special Needs', 'Bright Lights'... Todo fluye cada vez más fanatizado y gritón, entre millares de cambios de guitarra del amigo Molko (no bailó dos seguidas con la mísma el truhán), hasta el parón previo a los bises con las muy celebradas 'Song to say goodbye' y 'The bitter end'.

    En los pisos superiores de la Joy hay quien amenaza estentóreamente con arrojarse descamisado sobre el personal, sin duda poseído de una insoportable pasión en un tramo final dominado por la contudencia de 'Post blue', 'Infra-Red' y 'Taste in men'. Pero nada, nada, tranquilidad, la cosa queda en broma simpática fruto del síndrome de locura fanática transitoria.

    La historia se acaba tras noventa minutos y la gente agacha la cabeza resignada. Pero oye, si mientras vas saliendo te ofrecen algo de comida y te puedes parar en la barra a refrigerarte sin que te sientas violado en un repugnante callejón, lo mismo hasta te acuerdas de la marca que te ha invitado a barra libre de Placebo, algo que nunca viene mal en estos tiempos gilipollas que atravesamos todos juntos de la mano miembros de una iglesia. Cienciológica, por supuesto, por el amor de Katie Holmes.
  • Bruce Springsteen & The E Street Band. Santiago Bernabéu. Madrid (17 junio 2012)

    18 Jun 2012, 22:14

    Dom 17 Jun – Bruce Springsteen & the E Street Band

    Fotos, videos, setlist y enlaces varios en
    http://mercadeopop.blogspot.com.es/2012/06/bruce-springsteen-e-street-band-2012.html

    Este lunes 18 de junio de 2012 Madrid ha amanecido poblada por dos tipos de personas: las que sí y las que no. Las que lo sintieron y las que no. Las que tienen las respuestas y las que no. Las que ahora tienen la fuerza y las que no. Las que pueden contarlo y las que no. Las que van por las calles espídicas todavía con el pitido en los oídos y las que no. Los que pasaron 3 horas y 48 minutos con Bruce Springsteen & The E Street Band y los que, lamentablemente para ellos, no se enteran de nada. Después de estas 103 palabras espero que el avispado lector haya comprendido que esta es la crónica más subjetiva que podrá encontrar en toda la maldita internet. Ese es el objetivo, dejando claro, para los despistados, que un concierto de Bruce no se valora cuantitativamente (que también), sino en términos de emoción, intensidad, comunicación y entrega a vida o muerte de todos los implicados.

    Porque los malos tiempos vienen y los malos tiempos se van. Los malos tiempos vienen y los malos tiempos se van. Los malos tiempos vienen y los malos tiempos se van. La prima de riesgo sube y la prima de riesgo baja. Tu prima la del pueblo se deja bigote y por algún extraño motivo te parece más atractiva. La economía española dicen los que saben que se va a la mierda, pero en estas llega Bruce, el tío Bruce, y regala a las 60.000 personas congregadas en el Estadio Santiago Bernabéu el concierto más largo de sus más de cuarenta años de trayectoria. Básicamente es impresionante que un tipo de 62 años, que dirije a una banda también de sexagenarios, estén dando justo ahora todos juntos los conciertos más largos que jamás ninguno de nosotros pudo imaginar. ¡230 minutos, por el amor de Clarence Clemons!

    Y es que de hecho no es un concierto, son varios. Tras un inicio que fue como soltar súbitamente el freno de mano a un coche a 7.000 revoluciones con Badlands y No Surrender, We take care of our own y la épica Wrecking Ball cerraron un primer bloque frenético con el personal ya arrodillado. Vamos, al menos en la valla delantera, donde las pulseritas, donde por supuesto estuvimos porque no podíamos estar en otro puto lugar en este sucio planeta. Era el día y la hora y no fallamos. Nadie falló, de hecho. Y encontramos mucho más de lo que andábamos buscando. En el primer concierto de la noche destacó sobre manera Spirit in the Night, sacando lo mejor del predicador soulman que Springsteen lleva dentro, de un lado a otro haciéndonos sentirlo golpeando duro el costillar. Siete canciones y ya habíamos tenido una ración musculosa de rock, folk y soul juguetón. Joder, pues anda que no quedaba. Por cierto, este verano todos de vacaciones a Peralejos de las Truchas, eh, el mejor cartel de la noche.

    Be True fue el primer regalo a los más die hard fans, mientras que Jack of all trades puso la nota emotiva con todo el público sacando a relucir sus celulares, un cliché del rock de estadio siempre efectivo. La dupla Youngstown y Murder Incorporated mostraron a una banda sin fisuras, cercana al grunge, con Nils Lofgren luciéndose y saliéndose a lo bestia, con la incalculable ayuda de Max Weimberg, un tipo capaz de llevar el ritmo de un concierto tocando con tres sartenes, dos cacerolas y el cubo de la fregona. No vamos a pasar por alto el detalle de su parecido físico con Florentino Pérez, algo que por ser el estadio que era hizo no pocas risotadas sólo de imaginar que, joder, ¿y si fuera real?

    Un concierto de 230 minutos puede trocearse en diferentes partes a gusto del consumidor, ya quiera filete gordo o finito para que no se atraganten los críos. Pero nosotros ponemos aquí la primera línea roja, pues fue tal la demostración de poder de la banda hasta este punto que el público estaba relativamente apabullado, boquiabierto, atenazado. Pero ay amiguitos, cambio de tercio con She's the One, nuevamente de vuelta al rock festivo que tan tan bien funciona en los estadios con estos muchachos. Incluso una semi desconocida como Talk to Me para el oyente medio, con un semi desconocido Southside Johnny para el oyente medio, volvió a arrancar incansables coros y de nuevo saltos de un público que seguía vaciándose, sin saber que la meta estaba aún terriblemente lejos. Porque Bruce y sus colegas son siempre míticos por diversos motivos pero, ¿y si lo de ayer fuera jodidamente especial? Lo fue, ¿no? Yo he ido a más de 300 conciertos de todo tipo en mi vida y creo que puedo afirmar que no he visto nada algo igual.

    Otro regalito joya para los fans más duros con Spanish Eyes, con pancarta de cartón del Carrefour recogida de las primeras filas. Working on the highway funcionó muy bien, como todas las canciones de Born in the USA, siempre infalibles por el poso que dejaron en su momento, siempre rescatable. En Shackled and Drawn nos damos una vuelta por el estadio para hidratarnos convenientemente con algo de cebada y comprobamos cómo el personal baila y baila y baila. Descalzo incluso en la parte trasera de la pista, donde el sonido es bueno y potente gracias a un par de filas de altavoces convenientemente colocadas. Siempre habrá quien diga que en su parte de la grada había gente más bien sosainas, pero desde luego eso no se apreciaba desde abajo en líneas generales. Pero venga, que llega Waitin' on a sunny day, la canción denostada por los fans que se creen con más derecho a quejarse, pero que funciona de manera genial en directo porque es justo eso, la felicidad de un día soleado.

    Por supuesto, hubo numerito con un niño para cantar el estribillo. Se podría reflexionar mucho sobre ese instante en el que los padres alzan a sus hijos en dirección a Bruce en plan Rey León ofreciendo a sus retoños en sacrificio. Pero bueno, dejémoslo en algo gracioso y simpático, no vayamos a ponernos serios. En realidad, ¿quien no querría ser ese niño y poder decir con el paso de los años que compartió escenario con el rockero definitivo? Porque os voy a decir una cosa, si todos pusiéramos a diario en nuestras tareas el mismo empeño que Bruce Frederick Joseph Springsteen Zirilli pone en la suya, el mundo sin ningún lugar a dudas sería un lugar infinitamente mejor. Yo sueño con eso y lucho por ello, aunque obviamente me quedaré lejos. Pero chicos, por el amor de Danny Federici, no defraudeis a El Jefe. Al menos intentadlo.

    El Apollo Medley pone de nuevo el acento en el soul más clásico, con exhibición vocal del equipo corista incluída y lucimiento de la sección de metales (¿y cuando no es fiesta?). Para terminar este segundo concierto dentro del gran concierto, nota emotiva con The River y la dedicación a Nacho (#vaportinacho), el chaval que perdió su batalla contra el cáncer el pasado 7 de junio y no pudo asistir a este concierto, para el que tenía entradas. Las redes sociales serán lo que queráis que sean, todavía las estamos definiendo, e iniciativas como esta desde luego dan cierto sentido a tanta confusión. Sus padres y amigos se empeñaron en que Bruce se enterara de la historia de Nacho y, hey, veis, le dedicó una, y vaya una, al muchacho, entre una sonora ovación (pues casi todo dios estaba al corriente, ese es el poder de la conectividad). Because the Night sonó petrea, dura, épica. Venga, lo admito, de verdad, a veces es muy muy complicado explicar con palabras esos momentos en los que el mundo se detiene.

    Desde ahí hasta el final entramos en el tercer concierto dentro del concierto. Pasan los minutos y empieza a quedar claro que la cosa va para largo. ¿Hasta cuando? ¿Hasta donde? ¿Cómo? Bueno, eso lo vamos descubriendo sobre la marcha, pero mientras tanto sudamos y sudamos y nos desfogamos con My love will not let you down y The Rising. La gente corea, sonríe, se abraza y es feliz. No nos llegan los brazos para abrazar a toda la gente que queremos abrazar, entre otros motivos porque nos hemos desperdigado. Pero para esto también tiene su parte positiva esa cosa enfermiza que es el Whatsapp, donde uno puede siempre lanzar buenas palabras al ciberespacio en los momentos de necesidad y estar así cerca de quien quiera en cada momento. We Are Alive supone cierto respiro antes del tiro en la nuca que es Thunder Road. Y punto, lo más, el instante, el momento en el que todo tiene sentido y te son concedidas todas las respuestas. No puedes apuntarlas, pero no las olvides, por favor. Es el rock veraz que nos libera del miedo a vivir, ya sabes, ese.

    Rocky Ground supone el último respiro, el último momento de reflexión antes del acelerón final. Es complicado mantener un sprint durante media hora, pero cuando hay voluntad absolutamente todo es posible. Y Born in the USA, que nunca me gustó en exceso, resulta ser un himno de estadio incontestable (más si le damos sentido personal al grito de Born in Carabanchel, I Was, ya véis, tontunas de los chavales). Pero como resulta que sobrevivimos milagrosamente al tiro en la nuca de Thunder Road, llega Born to Run en forma de descabello, de tiro de gracia, con todas las luces del estadio ya encendidas hasta el final, dando la sensación de que esto se acaba, pero con todos sabiendo que ni de coña se acaba. Aunque a algunos les joda el cliché, manitas al aire, puños al aire, incluso corazones sangrientos y latentes al aire. Porque da igual lo que pase después, importa el ahora y tu obligación es gritar y gritar y gritar, es curarte. Es resucitar.

    Ni con disparos y descabellos van a poder con nosotros, antes abandonaremos sus cadáveres en cualquier cuneta. Es algo que comprendemos con Hungry Heart, momento en el que Bruce decide que el escenario (espartano, como siempre, con los detalles justos, aunque con unas buenas pantallas con una buena realización y unas largas rampas) se queda pequeño. Se baja por un lado, pasa por detrás de una valla y prácticamente se sube a la grada de la calle Padre Damián, ante el estupor de los gigantes de seguridad, que con los ojos llenos de pavor comprueban cómo la situación se les va de la mano sin que puedan hacer nada. Las vallas se mueven y a la marabunta sólo le faltaron las antorchas para dejar claro que esto ya no tenía nada que ver con el respeto a la autoridad. A partir de ese momento, sesión de puertas abiertas en la valla delantera, la de los más madrugadores, pues resultaba imposible controlar la velada.

    El tramo final se resume básicamente con la misma idea de que esta es la mayor fiesta del rock que uno pueda disfrutar, con luces encendidas, a cara descubierta, con una banda arrolladora y un maestro de ceremonias incansable. Seven nights to rock, Dancing in the dark y Tenth Avenue Freeze Out, con el tradicional homenaje a Clarence, esta noche más sentido aún si cabe por ser 18 de junio y cumplirse un año exacto de su fallecimiento. Aunque parezca increíble, y con ya más de tres horas y media de actuación, todo el mundo parece querer más. ¿Cómo es eso posible? Bien, lo mejor en estos casos es no buscar una explicación y simplemente exprimirse un poquito más. Siempre he querido saber cuántos kilómetros puede hacer mi coche desde que se enciende la luz de la reserva del depósito. Bien, esta noche estamos dispuestos a descubrir cuántos kilómetros podemos hacer nosotros hasta el desfallecimiento final.

    El delirio absoluto llega cuando la banda decide que hay tiempo para una más, un Twist & South inevitablemente certero, un final clásico para centenares de conciertos de Springsteen, que es recibido como lluvia en el desierto. Es el milagro de los panes y los peces. Tanto que llega un punto en el que comienzas a creer que este concierto es infinito, que no va a tener un final, que va a tener que ser el público el que se vaya marchando paulatinamente, cada uno cuando ya no pueda más. Pero oh, se acaba, oh, se van, a pesar de que todos queremos más y más.

    Se acaba Twist & Shout y parece que Badlands comenzó ayer. Y cuando digo ayer no me refiero al domingo, porque eso sí es cierto, sino que quiero decir el sábado. Hace mil años, en otra vida casi. Y ahora mientras escribo esto y me pienso cómo finiquitar estos párrafos, me doy cuenta de que llevo aún la pulserita rosa en la que pone Bruce Springsteen & The E Street Band, Wrecking Ball Tour, y me acuerdo de aquellos maravillosos años en los que alguien te llevaba al Parque de Atracciones y tu no querías quitarte la pulsera o borrarte la calcamonía. Necesitabas que al día siguiente todos tus compañeros del cole te tuvieran envidia. Bien, pues espero haberlo conseguido. Gracias.
  • Sonisphere Festival (2012) Auditorio John Lennon (25 mayo 2012)

    26 May 2012, 13:32

    Vie 25 May – Sonisphere Madrid 2012

    Crónica con fotos y setlists en
    http://mercadeopop.blogspot.com.es/2012/05/sonisphere-festival-2012-auditorio-john.html

    Salvajes, gamberros, maleantes, pintas, que sois unos pintas que sólo vivís para la fiesta, el cachondeo, el bebercio y las drogas (blandas todos menos los que andan definiendo musculitos, duras algunos). Jevatas, eso es lo que sois. Pero y qué bien lo pasamos todos con nuestras camisetas de grupazos, los minis a ocho pavazos, las pulseritas, corriendo de un escenario a otro haciéndonos fotos como mongolos. Que no nos quite nadie la sensación de libertad que este viernes nos dieron, por encima del resto, Limp Bizkit, The Offspring y Soundgarden.

    Bandas cuyos momentos de gloria máxima quedan ya lejanos, allá por los últimos años del siglo pasado, pero que aún se mantienen en buena forma gracias al peso de su propia leyenda y de un cancionero grabado a fuego en la memoria colectiva del público mayoritariamente treinteañero que pululó a sus anchas por las calles de Getafe, sembrando el necesario terror entre las viejecitas lugareñas. Ah no, que los jevis ya no asustan como antes. Pues vaya chasco.

    En total fueron, según datos de la organización, 38.313 personas (ni una más ni una menos) las que asistieron a la primera jornada de la cuarta edición de Sonisphere Spain. A pesar de las altas temperaturas registradas en Madrid desde primera hora de la mañana, con los termómetros marcando más de 30 grados, el goteo de gente entusiasmada con el panorama fue constante desde la apertura de puertas a las cinco de la tarde. Nosotros optamos, y tenemos que decirlo, por refugiarnos desde más o menos esa hora en el bar La Mala Vida, todo un descubrimiento, escuchando la música que ese día era la única posible.

    Así las cosas, serían en torno a las ocho de la tarde cuando nos acercamos al recinto mientras Sonata Arctica nos daba la bienvenida en la distancia. Pero nuestro andar iba obcecado básicamente a reencontrarnos con Limp Bizkit, quienes nos sorprendieron gratamente y superaron las expectativas gracias a una banda compacta y un Fred Durst mogollón de comunicativo con el público. Nuestro desconocimiento nos hacía pensar que era un tipo más altivo, mas no, ahí estaba bajando a las primeras filas, subiendo a gente al escenario a cantar (ese chaval de Tenerife lo flipó de la hostia) y a bailar (todo días y el vocalista en plan tú sí, tú no, tú puede ser).

    Sonaron 'Break Stuff', 'My generation', 'My way', 'Take a look around', el 'Faith' de George Michael en plan burrote y cerraron con una 'Rollin' totalmente desparramante con todo el personal pegando botes y asintiendo dando su beneplácito. Son estos malos tiempso para el chándal metal que asoló el planeta hace algo así como una década, pero tan potentes fueron aquellos años que lograron dejar un importante poso en la gente. Un poso de esos que se reactivan en un segundo. Como tirar un pitillo encendido en el suelo de una gasolinera. Del aspecto perturbador de Wes Borland no vamos a decir nada en esta ocasión, ahí lo dejamos, pero jurrl. [Fotos cortesía de PATRICIA CANO de www.musicnewstelevision.com]







    Tratándose de un festival, por supuesto había gente que ya estaba allí antes, y por supuesto había gente que prefería moverse de un escenario a otro para escuchar toda la música posible. Dado mi lamentable personal estado físico con un tobillo morado que no se lo deseo ni a mi peor enemigo (a ese le deseo muchas otras cosas peores), la solución más lógica es sentarse a tomar unos refrigerios mientas llegan The Offspring, banda a la que vimos ya exactamente en este mismo lugar en el que ahora descansamos hace cuatro años en el Electric Festival.

    Aquella noche nos dejaron fríos (más cerca en el tiempo, tocaron en septiembre en el Festival En Vivo, también en Getafe), pero en esta ocasión hay que resaltar que Dexter llega en mejor estado de forma y que, aunque se limiten a cumplir, lo tienen fácil para ganar puesto que cuentan con un repertorio divertido que en formato festival gana en frescura y pegada. ¿Quién va a tener los santos cojones de pasarlo mal con 'Come out and play' o 'Bad habit'? Recuerdo perfectamente una noche de viernes de la década de los noventa saltando en un bar con las canciones del 'Smash', un clásico del rock contemporáneo, y terminar tirado por los suelos. Esguince, sí, otra vez. La historia es tan cíclica que sólo queda partirse el culo de risa.

    Con 'Why don't you get a job?' nos acordamos de todas esas novias de amigos que son auténticas hijas de puta estúpidas, zorras inmundas que nunca podrán con nosotros, y brindamos en su honor desparramándonos la cerveza por encima. Hubo hueco durante su hora de concierto también para temas como 'Pretty fly (for a white guy)', 'All I want' o 'The kids aren't alright', entre otras, todas recibidas con alboro y gozo por una concurrencia progresivamente más intoxicada y que enloqueció definitivamente con 'Self esteem'. Joder qué guay, así sí.

    De nuevo marea humana hacia el otro escenario y aunque nos duele, nos perdimos a nuestros queridos Paradise Lost. Nada, otra vez un poquito de descanso del guerrero antes de que Chris Cornell y los suyos se planten ante nuestros ojos por primera vez en taitantos años. Recientemente reunificados, Soundgarden estánactualmente trabajando en su próximo disco, el primero en quince años, cuya edición está prevista para otoño. Pero seamos francos, eso no le importa demasiado esta noche a un público que busca básicamente viajar en el tiempo hasta aquellos años en los que era el grunge lo que dominaba las radiofórmulas. Tiempos que no volverán, para desgracia de las nuevas generaciones de subnormalitos musicales que estamos moldeando.

    'Searching with my good eye closed', 'Spoonman' y 'Jesus Christ pose' abrieron la tanda de los de Seatlle con un sonido compacto que te cagas, como si el tiempo no hubiera pasado por ellos, con esos riffs hipnóticos en plan Led Zeppelin y Black Sabbath pasados por el tamiz del descontento noventero, ahora más vigente que nunca, pero diferente. Clásicazos como 'Fell on black days' o 'The day I tried to live' despegaron fácil pero demostraron también otra cosa: el grunge a estas alturas no está hecho para festivales del siglo XXI y mucho menos para sonar después de la feliz algarabía de Offspring. Miles de personas lo flipan pero nosotros nos desconectamente poco a poco cada vez más y nos damos cuenta. Mola pero sea por lo que sea, cada vez suenan más lejos.

    Densos como siempre, es fácil dejarse llevar por la letaína guitarrera de Kim Thayl y los aullidos de Chris Cornell y suenan 'Outshined', 'Rusty Cage' y la enorme 'Black hole sun', a partir de la cual ya no son pocos los que comienzan a desfilar dando por finiquitada la noche. Queda tiempo todavía para un par de temas más y, bueno, discutimos luego sobre si nos ha flipado o simplemente gustado y nuestra tendencia apunta más hacia esto último. Soy incapaz de decir que no me gustó, porque aparte sería mentir, pero también hay que recalcar que este mes ha sido turno de Springsteen y eso anula para mi todo lo demás. El rasero cambia bruscamente.








    Y no vamos a comparar a Chris Cornell con Chris Martin, también recientemente de paso por nuestras vidas, porque eso sería como comparar a Steve McQueen con Chiquito de la Calzada, así que mejor lo dejamos para otro rato. Tristemente la cordura nos saca del festival y nos perdemos a Machine Head, aunque nos cuentan que las melenas giraron y giraron gustándose de la hostia. Pero de camino a casa, ay amigos, nos perdimos sin querer en un bareto en el que sonaba Metallica con un camarero que incluso se prestó a ponernos el 'Hot for teacher' de Van Halen y entonces qué. Pues entonces que hoy vamos a por Metallica por encima de todas las cosas, y lo que nos encontremos por el camino bienvenido será como siempre.
  • Coldplay. Vicente Calderón. Madrid (20 mayo 2012)

    21 May 2012, 12:56

    Dom 20 May – Coldplay, Marina & the Diamonds, Rita Ora

    Fotos y cositas en
    http://mercadeopop.blogspot.com.es/2012/05/coldplay-2012-vicente-calderon-madrid.html

    “Diría que tenemos cuatro grandes temas: Yellow, Fix You, Clocks y Viva la Vida”, plantea Chris Martin en el último número de Rolling Stone. Y no anda desencaminado el muchacho, desde luego, sobre todo a la luz de lo visto este domingo en un Estadio Vicente Calderón abarrotadísimo con 55.000 personas básicamente predispuestas al sacrificio colectivo en nombre del pop de estadio extremo con pulserita de colores en la muñeca mediante.

    Y eso que ya el pasado 26 de octubre de 2011 más de 15.000 personas asistieron en la plaza de toros de Las Ventas al estreno mundial de Mylo Xyloto, quinto álbum de estudio de los británicos, en un velada retransmitida globalmente en directo por internet y que evidenció sus insoportables ganas de dominar el mundo con sus inevitables estribillos y sus certeros acordes. Pero nada de eso importaba ahora, siete meses después, con un público renovado, multiplicado casi por cuatro y encantado de llenar un coso tan trascendente como el estadio atlético. Hasta la última butaca. Roja o blanca, tal vez azulona. Llénala, aposéntate.








    El maldito diluvio universal hizo presagiar lo peor apenas sesenta minutos ante de la hora prevista, pero lejos de ser un problema, esto sólo espoleó al respetable para llegar empujando todavía más hasta cotas inasumibles que adquirieron una dimensión aún más gigantesca después, después de calentar motoros tras enormes copas de gin tonic y garrafales vasos de cerveza sin fondo. Y aún quedaba un rato para que las luces de posición se apagaran y lucieran las de emergencia.

    Hurts like heaven, In my place y la asquerosamente ‘udosera’ Major minus ponen al personal a calentar gemelos, ya sea en pista o en grada. La aún más ‘udosera’ Lovers in Japan provoca los primeros saques de banda desde un público empeñado en desafiar el alcance de sus desodorantes, manos arriba, esto no es un atraco, esto ya lo sabías. Con The Scientist vuelven la épica del pop y del rock de estadio, la piel de gallina, los coros multitudinarios y las grandes celebraciones colectivas. Las parejitas abrazaditas en cualquier punto del estadio, incluso haciendo cola en pista para miccionar en alguno de los ¡¡17 baños para 15.000 personas!! y compartiéndolo en tiempo real en las redes sociales. Está pasando, lo estás sufriendo.

    Para entonces no han sido pocas las ocasiones en las que el público ha sido animado a alzar las pulseras de colorines con las que ha sido agasajado el entrar al recinto. Tras la reticencia inicial a este tipo de colectividades dudosas, no queda más que reconocer que el invento es bonito y preciosista, ablandando incluso el corazón del más rocoso de los reticentes. Verdes y coloradas, la amplitud oscura da a esta combinación tiene cierta grandilocuente lucidez efectista. Que queda bonito, demonios.

    Yellow, Violet Hill y Got put a smile upon your face excitan aún más, si acaso esta posibilidad cupiera, a una parroquia ya de por sí sobre excitada y predispuesta para cantarlo todo hasta el infinito y más allá. Ciertamente debe dar gusto enfrentarse a un público tan ganado de antemano, todavía más con un grupo en un punto dulce como este en el que Chris Martin y los suyos presentando un quinto álbum de estudio con el que reclamar su liderazgo con un infalible y eufórico pop de estadio del siglo XXI. De alguna manera inigualable.

    Princess of China deslució sin Rihanna, mientras Up in flames y Warming sign ciertamente adormecieron al personal. Pero es ahí exactamente, en la inminente luminosidad y la esperanza, donde la épica de Coldplay entra a todo trapo para encarar la vida juntos, emocionados y coreando con los brazos en alto, aunque a alguno le pesen los hombros. Resumiendo, no dejes que eso te rompa el corazón, no lo permitas, no viene al caso, no es el momento. Justo por eso lo que te queda en lugar de Don’t let it break your heart (la joya oculta de Mylo Xyloto) es cantar lo contrario.

    Y Viva la vida. No hay en el mercado coros más infalibles que estos. Chris Martin tiene, las cosas como son, cierto don para crear bonitas melodías colectivas. Pues bien, este puede ser su más poderoso estribillo y el que más abrazos y brindis ha provocado entre perfectos desconocidos que durante unos minutos de comunión, mientras dura la música, son los mejores amigos que uno pudiera imaginar.

    Porque es Viva la vida otro de estos temas para los que nunca hay capacidad pulmonar suficiente. Y por mucho que abras tus brazos no serás capaz de agarrar la melodía, que fluye libre. Amados y odiados a partes iguales, es en directo donde las canciones de Coldplay crecen musculosas y hacen sentir que los problemas puntuales son insignificantes. Y es justamente Viva la vida la razón de ser hoy por hoy de este grupo capaz en este instante de partir estadios en dos. En ese punto y en ese coro ciertamente todo da igual, de manera que lo aconsejable es dedicarse a hacerse fotos para compartir en las redes sociales. Fotos felices. Tanto, mucho, ahora.









    Para entonces ya queda claro también que gran parte del éxito de Coldplay no se debe sólo a su perfecto dominio de los grandes recintos, con sus fuegos artificiales, sus pantallas chulas, sus confetis, sus globos. Gran parte, tal vez la principal, se debe al empuje de un público que siempre está dispuesto a dar un poquito más. Y es que Viva la Vida es probablemente la canción de pop rock de estadio más efectiva de los últimos años, con un coro contagioso imposible de ignorar.

    Hasta los muchachos que surten de cerveza al cada vez menos respetable alzan sus brazos, a pesar de los 18 kilos que sus espaldas soportan, y por unos instantes hacen esperar a los clientes no sin evidente desprecio. Charlie Brown y Paradise ponen la cuota más novedosa a una noche que sencillamente navega gracias al indiscutible dominio de la masa que ha adquirido Chris Martin, empeñado en arengar a babor y a estribor chapurreando un notable español.

    Lejos andan Coldplay de lo que eran cuando en 2000 publicaron Parachutes, aquel minimalista ejercicio de pop tan alejado de las grandes multitudes. Rápidamente decidieron cambiar de rumbo, aunque aún hoy les queda tiempo para jugar al intimismo en un tercer escenario situado frente al fondo sur, casi a cien metros de los primeros fans, para tocar Us against the world y una revisión acústica de Speed of sound. Algunos, no pocos, constataron donde estaba la banda sólo tras ser convenientemente indicados en la distancia.

    Suena Clocks, canción sin duda ya pensada en origen para emocionar estadios y que resume toda la grandilocuencia y la épica que hoy por hoy embriaga a Coldplay, claramente obsesionados con ser más y más y más grandes, tanto como pueda lograrse. Esto es lícito, pero es una lucha claramente viciada por la enfermiza obsesión de Chris Martin por superar a Bono y el resto de U2, quienes, todo sea dicho, montaron una parecida en este mismo recinto en 2005. Parecida, pero más, con la historia a su favor, aunque hoy Coldplay haya jugado terriblemente duro.

    Porque Fix You emociona ya desde los primeros acordes con su vocación masiva, casi litúrgica, y las parejitas se abrazan, incluso las que no se quieren, incluso las que hace tiempo se olvidaron y ya no se reflejan el uno en el otro. Se buscan y de alguna manera se encuentran en la antítesis emocional que es Every Teardrop is a Waterfall, con la que se acaban las polémicas sobre el 'Ritmo de la Noche'. Los 55.000 asistentes mueven las caderas sin prejuicios ni reproches. Pueden estar equivocadas o no pero se lo pasan bien y superan la prueba del algodón, que sale casi tan blanco como el corazón de Butragueño. Impoluto.

    Ha pasado larga hora y media y sus detractores a estas alturas ya pueden decir misa, pues lo cierto es que la fórmula funciona y adquiere todo su sentido en vivo, con cuanto más público mejor, encantado de formar parte de la ceremonia colectiva, con cuantas más monerías mejor, con cuantos más estribillos mejor, con cuantos más coros, por dios, gracias. Porque tal vez el secreto después de todo sea gritar Viva la Vida. Con ese coro pegadizo que aún una vez finalizada la música atronaba los túneles del Calderón. Con ese coro pegadizo que aún horas después atronaba las calles de Madrid. Con ese coro pegadizo que es la vida misma.
  • Bruce Springsteen & The E Street Band. Estadio de La Cartuja. Sevilla (13 mayo 2012)

    14 May 2012, 21:36

    Dom 13 May – Bruce Springsteen & The E Street Band

    Primero, la crónica del ensayo general para prensa del día 12. Más de noventa minutos. Fotos y tal aquí:
    http://mercadeopop.blogspot.com.es/2012/05/es-jueves-por-la-tarde-y-se-te-cruza.html

    Segundo, la crónica del concierto en sí, con un video proshot del inicio. El link incluye fotos de Bruce firmando a los fans esta mañana en la puerta del hotel
    http://mercadeopop.blogspot.com.es/2012/05/bruce-springsteen-e-street-band-2012.html
  • Arctic Monkeys. Palacio de Deportes. Madrid (27 enero 2012)

    28 Ene 2012, 14:45

  • Arctic Monkeys. Palacio de Deportes. Madrid (27 enero 2012)

    28 Ene 2012, 14:29

    Son Arctic Monkeys como ese sobrino tuyo al que ves nacer y piensas que nunca crecerá. Pero el tiempo pasa sin que apenas nadie se dé cuenta, catalogando como lógicos los siempre asombros pasos adelante del desarrollo de la vida, y de repente ya es más alto, más fuerte y más listo que tú, algo que demuestra sin pudor siempre que puede dándote dolorosos capones con la barbilla. Afirmaba hace unas horas en Twitter el músico Pancho Varona que "ir en el Metro de Madrid oyendo en cascos Arctic Monkeys a toda hostia es una experiencia apabullante". Dejando de lado que desconocemos qué tipo de auriculares gasta el escudero de Sabina, concluyamos que en directo la experiencia es cuanto menos doblemente apabullante. Abrumadora, sodomizante, abusadora.

    Tan urgentes, ruidosos, nerviosos y trotones como siempre, con ese rollito suyo entre pop británico bailón de siempre y el stoner rock de guitarras pesadas que descubrieron hace un par de años de la mano de Josh Homme, los de Alex Turner han lucido un músculo fuera de toda duda este viernes en el Palacio de los Deportes de Madrid. Y eso a pesar de un inicio tan desconcertante como Don't sit down cause I've moved your chair, una suerte de revisión embrutecida del clásico popular español Quien se fue a Sevilla perdió su silla, tal vez no idónea para comenzar un concierto ante 14.000 impacientes seguidores -alrededor de 300 ya hacían cola al mediodía-. Pero rápidamente la situación fue encauzada gracias a dos pepinazos como Teddy picker y Crying lighting...

    Crónica completa, fotos, setlist y más cositas en:
    http://mercadeopop.blogspot.com/2012/01/arctic-monkeys-2012-palacio-de-deportes.html