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Kylie Minogue en el Palacio de los Deportes. Madrid (3 junio 2008)

5 Jun 2008, 13:16

Mar 3 Jun – Kylie Minogue

Fotos, videos y recortes de prensa escaneados en:
http://mercadeopop.blogspot.com/2008/06/kylie-minogue-2008-palacio-de-los.html


Nunca el mercadeo de la música pop tuvo una encarnación más apropiada. Ir a un concierto de Kylie Minogue es como cuando eres canijo y vas a una tienda de frutos secos a comprar chucherías. Entras, miras a tu alrededor y todo es de colorines y todo excita tus sentidos. Sabes que todo lo que hay te va a gustar, pero también sabes que todo sabe más o menos parecido. Sabes que las cosas que vas a comprar están bien ricas, pero también sabes que no puedes alimentarte sólo de gominolas, chicles y pica picas. Aunque sabes, a ciencia cierta además, que puedes atiborrarte de azúcar y que después vas a estar satisfecho de la cabeza a los pies. Adelante pues.

El Kyliex2008 es un espectáculo concebido a mayor gloria de los 152 centímetros de la amiga australiana. Constantes cambios de ropa, lucecitas por doquier, un buen puñado de infalibles trucos escénicos... y un público entregado. Un buen amigo comentaba a la salida que este era un "concierto" (ejem) para chicas y gays. Supongo que hombres heterosexuales también habría, pero lo cierto es que aquello parecía una previa de las fiestas del orgullo de principios de verano. Vamos, que a Kylie la pones en una carroza, la sueltas por la Gran Vía y se colapsan las urgencias. Como no podía ser de otro modo, público entregadísimo aunque, por más que le duela, también bastante paradete en varios momentos del show.

Porque la gente quería bailar, quería comerse sus botellitas de coca cola, esas marrones y verdes llenas de azucar, y quería disfrutar sin miedo a la báscula, algo que se consigue sí o sí gracias a pepinazos pop. Can't get you out of my head, In your eyes, Spinning around, Two hearts, Lucky o In my arms (de lo mejor de la noche) ofrecieron al respetable justo lo que quería. Sin embargo, aún siendo bien recibidos, los números de baile y acrobacias no levantaban a la afición, a pesar de enfervorecidos aplausos de ciertos sectores cada vez que algún bailarín lucía torso. Hasta desde una gran calavera plateada nos cantó la chavala.

La historia lograba bastante color cuando la música electrónica desaparecía y se dejaba paso a la solvente banda, aunque a ratos inaudible, como en el anterior video (de la canción Two hearts). Pero ¿y qué más da eso? Lo importante aquí era admirar a Kylie, ensalzar su figura, su mito casi, alzarla a los altares, alabar su belleza cuasi virginal. Cada palabra de la cantante y cada vez menos bailarina fue recibida con algarabía por los fanáticos (sí, fanáticos en este caso), igual que cada gesto de complicidad o cada risita ingenua y vergonzosa. Vaya en su descargo que parecía sincera y que, sin duda, la chica cae bien.

En definitiva, un espectáculo notable de más de dos horas (con un parón de veinte minutos a la mitad que deja más bien frío), concebido a mayor gloria de Kylie, y que deja satisfechos a los asistentes en mayor o menor grado en función de la fascinación que la diva ejerza sobre cada uno. Como siempre, los momentos de bajón los resuelve de manera magistral la música, en este caso esa música que sin pretender trascender, es innegable que logra que se le vayan un poquito los pies incluso al menos bailón de tu pueblo, de tu barrio, de tu bloque. Por supuesto, no podía faltar el confeti en la parte final. Hasta en ese detalle, bien por Kylie.

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