Biografía

Yoakam fue uno de los pioneros en la recuperación del country desde una perspectiva rock. El vaquero de Kentucky venera a BUCK OWENS y a ELVIS PRESLEY por igual, se siente más cercano a Blasters que a Garth Brooks. Un «urban cowboy» para el siglo XXI.

Parece ser que el aterrizaje en Nashville, a mediados de los 70, de un menda llamado Dwight Yoakam, equipado con un pesado fardo de honky tonk al estilo Buck Owens, no fue muy feliz y, de entrada, fue rechazado por no ajustarse a los cánones del «mainstream» de la època. En el imperio de los Kris Kristofersons y los John Denvers, el purismo de Yoakam cae como un revulsivo y pone en evidencia hasta qué punto la meca del country había dado la espalda a su herencia. Yoakam, desencantado, reniega del beneplácito de la gran industria y despotrica contra el llamado «countrypolitan», pop empalagoso de remotas reminiscencias camperas.

De la lista negra a la que queda relegado sólo se resarcirá gracias al apoyo de un público de procedencia rockera, que recibe con interés la hornada de neotradicionalistas de mediados de los 80, gente como Randy Travis, George Strait o, en otro plano quizá, Steve Earle —con artículo en RUTA 66 129—, y que con el tiempo y una colección de excelentes discos ha sabido reconocer en Dwight Yoakam a un sólido valor de la música tradicional americana.

Dwight David Yoakam nace el 23 de octubre de 1956 en Pikeville, Kentucky, aunque pronto su familia se muda a Columbus, Ohio. Allí, en la universidad, emprende estudios de filosofía, historia y teatro, que deja de lado para probar fortuna en Nashville. Corría el año 1976 y Dwight contaba 20 años.

HONKY TONK BAR

Fascinado por el honky tonk, esa derivación del country que tuvo que recurrir a la electricidad y al volumen alto para hecerse oir entre el barullo de los bares de carretera, donde abundaba la bebida, el juego y las mujeres fáciles, sus iconos iniciales no podían ser otros que Buck Owens y Merle Haggard.

Si bien Ernest Tubb fue el primer músico de honky tonk que popularizó el género, otros como Hank Williams, George Jones y Lefty Frizzell se convirtieron en las figuras de mayor difusión en los años 50. El honky tonk se desarrolló sin demasiados cambios, hasta la llegada del llamado sonido Bakersfield, verdadera transformación, no sólo porque prioridad a los instrumentos eléctricos, sino porque fue el primer estilo del country en sentirse significativamente influido por el rock and roll. California, y concretamente la localidad de Bakersfield, fue la sede de este estilo innovador y vigoroso que utilizaba guitarras Telecaster y una base rítmica prominente. De ahí que se diga que Yoakam practica «country de la Costa Oeste». No olvidemos tampoco que las primeras bandas de country-rock de los 60, como los Flying Burrito Brothers de Gram Parsons o los Byrds, se sintieron fuertemente condicionados por ese sonido local.

DE NASHVILLE A CALIFORNIA

Tras su fracaso en Nashville, Yoakam se instala en los Angeles. Allí, con sus Babylonian Cowboys, no sólo toca en honky tonks o en consagrados country-clubs como The Palomino, sino en los mismos locales donde se movían bandas de rock de ascendencia punk como X o Dead Kennedys. También compartió esceario con los Blasters, los Lobos o Butthole Surfers. Pero, ¿qué relación tenía Yoakam con esa dispar escena californiana, si en el fondo lo que él quería era ser una country-star a lo George Jones?

La clave no sólo radicaba en una fuente de recursos naturales compartidos, entiéndase el rock and roll de los 50 y los sonidos rústicos del folklore americano, sino en una actitud distante frente a los dictados acomodaticios del «stablishment» discográfico. El conacto con el público rock le hizo ganar adeptos, pero aún tenía la espina clavada de su fracaso en Nashville… Tampoco podía olvidar que se encontraba en California, el feudo del estilo Bakersfield creado por Buck Owens, por lo que Yoakam, más que al rock, seguía emparentado al honky tonk.

Sin ser un simple revivalista, lo que él pretendía era recuperar la esencia del country original utilizando la tecnología punta, con un espíritu acorde a los tiempos actuales y reivindicando su condición de compositor con voz propia.

LA GUITARRA DE PETE ANDERSON

En Los Angeles conoce a un guitarrista llamado Pete Anderson, con el que charla sobre Buddy Holly, Johnny Horton, los Everly Brothers… hasta convertirse en alguien tan inseparable como su sombrero Stetson. A medio camino entre el simplismo de Johnny Cash y el nervio rockista de Chris Spedding, Anderson es el responsable directo de ese sonido opulento, ardiente y vertiginoso que rige todas sus grabaciones.


Álbumes

Pete Anderson dirige la grabación de su primer single, «I’ll Be Gone» (1984), para una recopilación de bandas californianas que edita Enigma Records bajo el nombre de «A Town South Of Bakersfield», que se hace oir en las radios locales independientes de Los Angeles. Eso les da ánimos para seguir y grabar un mini-álbum en Oak Records que llama la atención de Reprise, un sello del grupo Warner. La discográfica compra la grabación, les hace grabar cuatro temas más y lo reedita como álbum completo: «Guitars, Cadillacs, Etc, Etc.» (1986).

«If There Was a Way» (1990)

Este álbum debut supuso un impacto inmediato y, dato curioso, su primer single, «Honky Tonk Man», so coló muy arriba en las listas de las emisoras oficiales de country. El disco causó revuelo en Nashville y parecía que la «meca del country» daría la bienvenida a Yoakam, pero su vocación de «outsider» —referencias a la prensa sobre la «basura de Nashville»— le priva de una fama mayor.

[…] Considerada obra menor, en «Hillbilly De Luxe» (1987) volvemos a encontrar, además de una profusión desmedida de rockabilly, bluegrass y rock’n’roll galopante, esas baladas subyugantes como «Johnson’s Love», que revelan una sensibilidad poco común, relatos escalofriantes de desamparo,amargura etílica, pasión y muerte.

Trascendiendo resolutas revisiones del «Smoke Along the Track», de Alan Rose, o del «Little Sister» que Doc Pomus escribió para Elvis, el gran himno del disco es «Readin’, Rightin’, Route 23 […].

En «Buenas Noches from a Lonely Room» (1988), ya puede rodearse de una corte de profesionales y colaboradores de lujo, puestos aquí al servicio de un disco impecable pero aséptico […]. El álbum satisface a incondicionales, precisamente porque Yoakam sigue apostando a ganar con las cartas de siempre. Su universo continua inalterable: el vaquero errante alejado de su hogar, los tiempos duros en las fábricas, los perfiles desdibujados de la botella o venganzas pasionales que conducen a los muros de las prisiones.

Dwight por fin se deja caer por Texas, acompañado del mismo Buck Owens. Flaco Jiménez les da la bienvenida con su acordeón y, los tres, se marcan los mejores pasos de baile tex-mex del country de los 80 en «Streets of Bakersfield», un tema de Homer Joy. Otra revisión consistente del álbum es «Home of the Blues», de Johnny Cash. Pero de nuevo las baladas se revelan como el particular punto clave de su producción. Historias y memorias son urdidas por el plañido lánguido del vaquero desde el turbio crepúsculo del alma. Como resultado, canciones empapadas de una intensa nosalgia fronteriza, no sólo geográfica, sino también temporal (presente vs. recuerdo), espiritual (gris y fría realidad vs. sueños y aspiraciones) y moral (existencia vs. muerte).

Tras «Just Looking For A Hit», un grandes éxitos con un par de versiones inéditas («Long Way Cadillac» de Blasters y «Sin City» de Gram Parsons, a dúo con k.d. Lang), aparece el trabajo que certifica su condición de compositor maduro:

«If There Was A Way» (1990) representa la culminación y el fin de una etapa, a partir de la cual Yoakam tendrá que plantearse la necesidad de superar la cómoda inercia creativa y renovar sus clichés de country ya algo trillado.

Aunque no presente ninguna sorpresa, el trabajo se impone por lo contumaz de sus planteamientos y por regirse según unas coordenadas fijas y obstinadas: country añejo mascullado con voz nasal y «asquerosamente» yanqui, sacudido por ritmos trotones y decididos como un caballo de rodeo, baladas de cínico tono acariciadas por sinuosas frases de guitarra steel y punteos de manolina y dobro, rocanroles desafiantes cadenciosamente teñidos de amargura blues.

No es sólo su disco mejor resuelto, sino el que revela a todas luces la plenitud y el encanto de un estilo, bajo el que uno sucumbe sin saber por qué.

Incluye su colaboración con Roger Miller «It Only Hurts When I Cry».

Un producto como «Last Chance of a Thousand Years», la reciente antología que criba los éxitos de los 90, podrá parecer gratuito para un mercado tan poco receptivo al country como el nuestro […].

(Versión completa en «Ruta 66», enero 2000, núm. 157)

Por Salvi Pardàs


Las polvorientas calles de Bakersfield (por Julián Campos)

Ubicada al sur del Valle de San Joaquín, California, cien millas al nordeste de Los Angeles, Bakersfield fue a finales del siglo pasado parada y fonda para buscadores de oro y demás ciudadanos en tránsito. Durante los años 30, la Gran Depresión la convirtió en lugar de paso, y destino final, para gentes de otros estados que llegaban al valle con la intención de trabajar en la recogida de frutas o en los pozos de petróleo.

Con esta migración llegó la música campestre, rústica y tradicional, que los sábados por la noche resonaba en todos los bares y salones de baile de la ciudad. Corazón del circuito country californiano, en la década de los 50 Bakersfield dió trabajo a artistas como Tommy Collins, Wynn Stewart, Johnny Bond o Maddox Brothers And Rose.

En contraste con la creciente sofisticación de Nashville —que refinaba sus grabaciones con vocalistas melosos, secciones de cuerda, grandes coros—, los músicos de Bakersfield adaptaban la fuerza motriz del rockabilly y el rock’n’roll al acervo country, con guiarras eléctricas de sonido cortante, violín y steel con el volumen necesario para dejarse oir por encima de una audiencia beoda y currada.

Así hubieran quedado las cosas —Bakersfield como pequeño foco regional— a no ser por la proyección nacional de figuras como BUCK OWENS y MERLE HAGGARD, ambos de larga trayectoria e indiscutible trascendencia para el devenir del género campestre. […]

Con artículo biográfico en RUTA, núm. 43, Haggard es el único representante de la escena nacido en Bakersfield. De padres llegados desde Oklahoma, y por lo tanto un auténtico «okie» como el de su más conocida canción, evolucionó hacia un personalísimo estilo que le distanciaría del honky tonk genérico; no obstante, a pesar de su individualismo, nunca olvidaría sus raíces en el casi desértico Valle de San Joaquín, versioneando varias composiciones de su vecino Tommy Collins y recordando su adolescencia como trabajador agrícola en el álbum «Someday We’ll Look Back», poético documento de esa tierra y esas gentes que Steinbeck y Ford retrataron magistralmente en «Las Uvas De La Ira», la novela y la película.

Otros representantes del sonido Bakersfield son DALLAS FRAZIER, […]

Actualmente, la escena country californiana se concentra en Los Angeles, a donde fue a parar un joven llamado Dwight Yoakam al no ser aceptado por la plebeya aristocracia de Nashville. Cuando el éxito le sonrió, Yoakam buscó a su ídolo BUCK OWENS y le convenció para abandonar su prematura jubilación. Ambos grabaron a dúo una versión del éxito de 1972 de Owens «Streets Of Bakersfield», emblemático tema que les llevó hasta el número uno en 1988. El ciclo se había completado.

Por Julián Campos





Editado por Ceballut el 27 Ago 2008, 16:20

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